viernes, 31 de octubre de 2014

LA ISLA A MEDIODÍA Y OTROS RELATOS

El libro “LA ISLA A MEDIODÍA Y OTROS RELATOS” es una colección de relatos escritos por Julio Cortázar, editada por Salvat Editores con la colaboración de Alianza Editorial en el año 1971, para la colección “BIBLIOTECA BÁSICA SALVAT RTV”, muy renombrada en España porque fue, creo, la primera vez que se anunciaba en la televisión (blanquinegra y dictatorial) la oferta desde los kioscos de prensa de una colección de “cien obras maestras de la literatura universal” a precios económicos (según la presentación preliminar del volumen, también colaboraba el Ministerio de Información y Turismo de la época). Se trata de una selección de doce relatos, escritos en diferentes épocas y publicados inicialmente en otros libros, que aparecen en el siguiente orden:


  • La isla a mediodía (Todos los fuegos el fuego, 1966).


  • Carta a una señorita en París (Bestiario, 1951).


  • La noche boca arriba (Final del juego, 1956).


  • Circe (Bestiario, 1951).


  • La señorita Cora (Todos los fuegos el fuego, 1966).


  • Instrucciones para John Howell (Todos los fuegos el fuego, 1966).


  • Todos los fuegos el fuego (Todos los fuegos el fuego, 1966).


  • La autopista del Sur (Todos los fuegos el fuego, 1966).


  • Casa tomada (Bestiario, 1951).


  • Las puertas del cielo (Bestiario, 1951).


  • El otro cielo (Todos los fuegos el fuego, 1966).


  • El perseguidor (Las armas secretas, 1959).

Como apoyo para redactar los respectivos comentarios sobre los anteriores cuentos he consultado el libro de Julio Cortázar “Clases de literatura. Berkeley, 1980” (Alfaguara, septiembre 2013), y el vídeo de la entrevista que Joaquín Soler Serrano le hizo al mismo escritor el día 20 de marzo de 1977 para el programa “A fondo”, de Televisión española.

Esta primera entrega se limita a los cuatro primeros relatos de la serie (La isla a mediodía, Carta a una señorita en París, La noche boca arriba, Circe). El último de ellos ha supuesto un esfuerzo inesperadamente exigente y laborioso, que ha llegado a poner en cuestión mi capacidad para afrontar su comentario. Puedo confirmar que el relato Circe oculta en su interior un inmenso agujero negro.

Para no superar el límite máximo de diez mil palabras establecido por los editores de TR, publicaré los tres primeros cuentos en una primera parte, y Circe, la más extensa, en una segunda (y aún así, esta segunda mitad supera el límite).

A modo de digresión, aprovecho para agradecer a mi padre, una vez más aunque ausente, que se hiciera con esta biblioteca y las posteriores que luego publicaron otras editoriales con el mismo ánimo popularizador. Recuerdo los jueves por la tarde cuando, tras volver él del trabajo y yo del colegio, y siguiendo un ritual tácito, nos dirigíamos al kiosco cercano de la placita de Diego de León mientras comentábamos los incidentes del día, para recoger el libro correspondiente a aquella semana al tiempo que también nos llevábamos los fascículos coleccionables de la historia de la segunda guerra mundial, de la fauna salvaje, la fauna ibérica, después vendría la sagrada biblia, la historia de la música clásica, la historia de la filosofía…; el kiosquero nos esperaba con toda la papelería apartada, y la cargábamos entre los dos de vuelta a casa, mudos y a buen paso para dar pronto el primer vistazo. Casi todas mis lecturas de adolescente se nutrieron de aquellos libritos anaranjados que todavía se conservan en la casa de mi madre.

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