El libro “LA ISLA A MEDIODÍA Y OTROS RELATOS” es una
colección de relatos escritos por Julio Cortázar, editada por Salvat Editores
con la colaboración de Alianza Editorial en el año 1971, para la colección
“BIBLIOTECA BÁSICA SALVAT RTV”, muy renombrada en España porque fue, creo, la
primera vez que se anunciaba en la televisión (blanquinegra y dictatorial) la
oferta desde los kioscos de prensa de una colección de “cien obras maestras de
la literatura universal” a precios económicos (según la presentación preliminar
del volumen, también colaboraba el Ministerio de Información y Turismo de la
época). Se trata de una selección de doce relatos, escritos en diferentes
épocas y publicados inicialmente en otros libros, que aparecen en el siguiente
orden:- La isla a mediodía (Todos los fuegos el fuego, 1966).
- Carta a una señorita en París (Bestiario, 1951).
- La noche boca arriba (Final del juego, 1956).
- Circe (Bestiario, 1951).
- La señorita Cora (Todos los fuegos el fuego, 1966).
- Instrucciones para John Howell (Todos los fuegos el fuego, 1966).
- Todos los fuegos el fuego (Todos los fuegos el fuego, 1966).
- La autopista del Sur (Todos los fuegos el fuego, 1966).
- Casa tomada (Bestiario, 1951).
- Las puertas del cielo (Bestiario, 1951).
- El otro cielo (Todos los fuegos el fuego, 1966).
- El perseguidor (Las armas secretas, 1959).
Como apoyo para redactar los respectivos comentarios sobre
los anteriores cuentos he consultado el libro de Julio Cortázar “Clases de
literatura. Berkeley, 1980” (Alfaguara, septiembre 2013), y el vídeo de la
entrevista que Joaquín Soler Serrano le hizo al mismo escritor el día 20 de
marzo de 1977 para el programa “A fondo”, de Televisión española.
Esta primera entrega se limita a los cuatro primeros relatos
de la serie (La isla a mediodía, Carta a una señorita en París, La noche boca
arriba, Circe). El último de ellos ha supuesto un esfuerzo inesperadamente
exigente y laborioso, que ha llegado a poner en cuestión mi capacidad para
afrontar su comentario. Puedo confirmar que el relato Circe oculta en su
interior un inmenso agujero negro.
Para no superar el límite máximo de diez mil palabras
establecido por los editores de TR, publicaré los tres primeros cuentos en una
primera parte, y Circe, la más extensa, en una segunda (y aún así, esta segunda
mitad supera el límite).
A modo de digresión, aprovecho para agradecer a mi padre,
una vez más aunque ausente, que se hiciera con esta biblioteca y las
posteriores que luego publicaron otras editoriales con el mismo ánimo
popularizador. Recuerdo los jueves por la tarde cuando, tras volver él del
trabajo y yo del colegio, y siguiendo un ritual tácito, nos dirigíamos al
kiosco cercano de la placita de Diego de León mientras comentábamos los
incidentes del día, para recoger el libro correspondiente a aquella semana al
tiempo que también nos llevábamos los fascículos coleccionables de la historia
de la segunda guerra mundial, de la fauna salvaje, la fauna ibérica, después
vendría la sagrada biblia, la historia de la música clásica, la historia de la
filosofía…; el kiosquero nos esperaba con toda la papelería apartada, y la
cargábamos entre los dos de vuelta a casa, mudos y a buen paso para dar pronto
el primer vistazo. Casi todas mis lecturas de adolescente se nutrieron de
aquellos libritos anaranjados que todavía se conservan en la casa de mi madre.
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